De todos los estímulos sensoriales, que recibimos diariamente, sólo somos conscientes de una parte de ellos. La percepción selecciona aquellos que merecen nuestra atención, aquellos de los que somos conscientes, mientras que el resto (la mayoría) de los estímulos se mantienen en un plano difuso.
A través del mecanismo del ojo llega a nuestro cerebro aquello que hemos percibido por medio del sentido de la vista. Solemos pensar que la retina recibe una imagen del mundo exterior que luego es transmitida al cerebro y que esta imagen es semejante a la que se forma en la película de una cámara fotográfica. Pero debe tenerse presente que lo que llega al cerebro son impulsos nerviosos. Entre la grabación de imágenes en nuestra retina y la interpretación que de ellas hace el cerebro hay una serie de procesos mentales muy complejos.
Existen convenciones perceptivas que ayudan al observador a interpretar la imagen, por ejemplo: la perspectiva, el parcial cubrimiento de los objetos del fondo por objetos del primer plano, el sombreado, y, posiblemente, nuestra familiaridad con los tamaños ordinarios de los objetos de la escena, que se convierten en indicadores obvios que producen la impresión de profundidad.
Pero...nuestro ojo a veces nos suele jugar malas pasadas, y eso significa que nuestra percepción, a veces, no se corresponde con la realidad. Haz un esfuerzo y comenta con tus compañeros lo que ves en estas imagenes.



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